Demos comienzo a este razonamiento
diferenciando entre ser lastimados y ser heridos. ¿Cuál es la diferencia? Lastimar es externo: majar, machacar, quemar superficialmente,
raspar, golpear, apretar, presionar … la lastimadura permanece en la parte
externa del cuerpo. Herir es llegar
hasta adentro: cortar con un cuchillo,
abrir el cuerpo, quebrar un hueso, introducir una bala, estrangular, …
Las lastimaduras provocan dolor, pero no
daño. El mal pasa prontamente y no
quedan secuelas. Las heridas son
distintas. El dolor es mucho más
profundo, hay un daño, y se necesita tiempo, atenciones, paciencia y fidelidad
para recuperarse. La vida nunca es lo
que fue.
Una persona que sigue viviendo como si no hubiese
sufrido una herida es una persona insensata que se arriesga a tener grandes
pérdidas debido a su falta de seriedad, sensatez y madurez. La regla es que debemos aprender grandes
lecciones de nuestras heridas, y vivir seria, sensata y maduramente para no
volver a sufrir una semejante. No todos
tenemos la capacidad de ayudar a otros después de una herida, pero todos
debemos crecer y enseñarnos a nosotros mismos para vivir victoriosamente, con
seguridad y madurez.
Una persona que ha sufrido una herida debe
ser una persona que tiene más que las demás.
Es una persona que desarrolla una conciencia, una fuerza, una capacidad
que las demás no han desarrollado ni pueden desarrollar hasta pasar por lo
mismo, lo cual, gracias a Dios, no debe acontecerle a todas.
Aunque, debido a nuestra personalidad, capacidad,
respuesta a la experiencia, no podamos ayudar a otros, como ya se dijo, el no
crecer demuestra que la herida nunca sanó.
Entonces, lejos de obtener un beneficio, las personas mostrarán
secuelas: debilidad, irritabilidad,
inestabilidad, falta de alegría, exceso de seriedad, hasta desequilibrio: arranques de cólera, infidelidad, agresión,
amargura, etc.
Es importante entender que podemos
provocarnos heridas nosotros mismos. Las
heridas deben venir de afuera, como un resultado de violencia, de irrespeto,
pero jamás de adentro. Esto es posible al acutar confiadamente, con ignorancia, ingenuamente, impulsivamente, emocionalemnte, vanidosamente, egoistamente, etc.
Debemos ser muy cuidadosos de no culpar a otros de cosas que nosotros mismos estamos provocando. Es una tendencia egoísta el buscar excusas, razones externas, para nuestro malestar.
Puede ser que lo que mencionemos, veamos, notemos, sea real, pero NO la razón de nuestro dolor. El dolor consistente demuestra que el problema está en nosotros. Y el hecho de no separarnos de personas que nos lastiman, el hecho de no comunicarnos con la verdad, el hecho de no hacer sabido algo que está mal en el actuar de los demás es herirnos nosotros mismos. Puede ser debilidad, falta de madurez, falta de carácter, temor, ... pero independientemente de lo que sea se ha hecho evidente nuestra falta de amor propio.
Debemos ser muy cuidadosos de no culpar a otros de cosas que nosotros mismos estamos provocando. Es una tendencia egoísta el buscar excusas, razones externas, para nuestro malestar.
Puede ser que lo que mencionemos, veamos, notemos, sea real, pero NO la razón de nuestro dolor. El dolor consistente demuestra que el problema está en nosotros. Y el hecho de no separarnos de personas que nos lastiman, el hecho de no comunicarnos con la verdad, el hecho de no hacer sabido algo que está mal en el actuar de los demás es herirnos nosotros mismos. Puede ser debilidad, falta de madurez, falta de carácter, temor, ... pero independientemente de lo que sea se ha hecho evidente nuestra falta de amor propio.
Debido a la falta de Dios, a la
falta de comunicación con nuestro Creador, podemos desarrollar una dependencia
de los demás que nos provoque estas heridas.
Aceptamos estar cerca de ellos,
pasando encima de nuestra identidad, abriendo una herida que puede no
sanar. La herida en la identidad es una
herida que puede destruirnos parcial o totalmente. Puede llevarnos a la locura o al suicidio, o
bien, incapacitarnos para ser quienes un día fuimos. Y nos incapacita para poder llegar a ser
quienes pudimos llegar a ser.
Podemos aprender a conocernos, y
a protegernos y a defendernos para evitar ser heridos. Pero más importante aún es saber protegernos
de nuestra propia ignorancia. Vivir
protegidos es algo que todos debemos aprender. Las personas que no tienen esta necesidad tampoco pueden ser heridas,
sólo lastimadas; así como su mente no tiene la capacidad para protegerse
tampoco tiene la capacidad para reconocer las cosas que hieren. Por lo general son personas que están
protegidas por alguien más, que sí tiene la capacidad de ver que todo esté
bien. Y, como los niños, olvidan. Nosotros, como adultos maduros, debemos estar
en control. “Entre toda cosa guardada,
guarda tu corazón porque de él mana la vida.”
Prvbs.
¿Cómo notamos una herida? Perdemos la alegría, el ánimo y las
fuerzas, y si no lo notamos pronto, es
muy posible que afecte nuestra salud física.
Una herida provoca un cambio repentino y dramático en nuestro
carácter. Puede notarse en explosiones
de cólera, grosería, enojo, tristeza profunda e inexplicable, mucho cansancio
anormal, agotamiento, debilidad, falta
de capacidad para concentrarnos, falta de memoria, capacidades afectadas (p.ej.
menos velocidad, menor rendimiento, cometer errores constantemente).
Al notar una herida es muy
probable que no sepamos quién nos hirió, en qué momento, cómo ni por qué. Pero es muy importante notar los síntomas
para proceder a encontrar la raíz del problema para poder solucionarlo.
Una herida puede tardar hasta
años en sanar. Pero desde el momento
en el que se reconoce el suceso empieza este proceso de sanidad.
Una herida no sanada es como un cáncer que se
desarrolla en lo oscuro de nuestro interior.
La única forma de notar su presencia es estando ATENTOS a las
señales. La sutileza del odio, del
resentimiento, y similares, deben ser detectadas tempranamente para no resultar
justificando actitudes, echándole la culpa a otras personas, a sucesos, a
circunstancias, negando obstinadamente la verdad que debe ser tratada
inmediatamente para evitar pérdidas lamentables. Todo lo anteriormente enlistado en la
respuesta de "¿Cómo notamos una herida?" demuestra que ha habido una herida, lo
querramos o no, lo hayamos notado o no, lo creamos o no. Las señales confirman que la herida está
adentro de nosotros. Debemos hacer algo
al respecto.
La sanidad de la herida depende de la madurez
de la persona. Entre más inmadura sea
más le dolerá, y más tiempo llevará el proceso, pero este proceso debe darse
inmediatamente. De no ser así, puede
haber pérdidas parciales hasta totales en la vida de la persona afectada
(herida).
“Solamente
el corazón conoce su propia aflicción, y ninguna otra persona puede com-partirlo
completamente. El dolor opera solo; no necesita asistencia. Comunica su mensaje propio a cualquiera: rico o sirviente, predicador o pecador, madre
o hijo. Quedándose, rehusa ser igno-rado. Doliendo, reduce a su víctima a profundas
profundidades de angustia. Y es en este
punto de angustia en el que el sufriente se somete y aprende, desarrollando
madurez y carácter; o se resiste y se
vuelve amargado; y queda hundido en
autoconmiseración, asfixiado por su obstinación.”
Charles Swindoll (“Killing Giants, pulling Thorns.”)
Para que pueda darse la sanidad
debe haber:
1. Claridad en cuanto a la raíz del
problema. ¿Qué fue lo que la provocó?
2. Apego total a la verdad, sin dejar cabos
sueltos. La verdad debe ser hallada,
enfrentada, aceptada y tratada. Es como
la limpieza. Debe quitarse toda la
suciedad alrededor (mentiras, conjeturas, desconfianza, sentimientos egoístas,
resentimientos, suposiciones). En
casos en los cuales uno no tiene acceso
a la verdad lo que debe darse es apego a los hechos que SÍ son de
la total conciencia de uno.
3. Separación inmediata de la persona que
provocó la herida.
4.
Tiempo para
meditar y libertad para expresarse A
SOLAS (esto incluye: llorar, hablar en
monólogo, irrumpir en lágrimas, soportar estallidos de cólera, hablar con
emoción al respecto: expresar vergüenza, molestia, arrepentimiento, etc.). Hablar
de la herida o los sentimientos alrededor de ella exclusivamente con personas que se han mostrado fieles a lo
largo de la vida. Con nadie más.
5. Compromiso personal para sanar la herida
hasta que esté totalmente cerrada y cicatrizada. No descuidar en ninguna etapa del camino el
hecho de que se está sanando. No
demandar más de un mismo de lo que uno puede dar. No apresurar ni retardar el proceso. Proceder
a hacer todo lo que corresponda para la sanidad, y rehusarse a hacer cualquier
cosa que demande un esfuerzo inadecuado debido al estado de dolor en el que se
encuentra la persona afectada.
6. Pueden hacerse toda clase de cosas ajenas a la
herida. Cosas que sean positivas: recibir cariño, ayuda, invitaciones, visitas,
regalos, etc., … cosas que no puedan dañar de ninguna manera a la persona que
las recibe.
Cuando distraer la mente ayuda, debe
hacerse: circo, teatro, cine, música,
películas, lecturas, paseos, zoológicos, etc., siempre considerando el ambiente
óptimo para la persona afectada; y sólo
cuando se necesite absoluta paz debe buscarse el aislamiento para cumplir
con el propósito de continuar sanando.
7. La insensatez (egoísmo, orgullo) puede
contribuir grandemente a impedir que la herida sane. Debe buscarse la sensatez, una vez encontrada
debe buscarse la humildad, y luego poner a funcionar la paciencia, la
templanza, y el amor para con uno mismo.
Esto es especialmente importante de comprender cuando una persona muy
querida se ha vuelto una persona no grata debido a su mal actuar
(infidelidad). Si esta persona está arrepentida
y tiene amor para dar, este amor contribuirá a la sanidad de la herida. Si la persona es muy cercana (como en el caso
de cónyuges, padres e hijos, hermanos que viven juntos, etc.) es muy posible que
el amor de esta persona sea totalmente indispensable, y que la sanidad no se dé
sino hasta que se haya aceptado el amor de esta persona. Entonces, … en estos casos lo primero es
perdonar. Sin perdón el asunto está
estancado (varado) y lo que sea que se haga se perderá debido a la falta de
un orden adecuado. Una vez se ha perdonado
sinceramente, se puede proceder a recibir el amor de la persona, con toda
honestidad, siguiendo el curso natural de las cosas: no forzar y no retardar. Si se da el caso opuesto, en el que la
persona que agredió no está avergonzada, ni dolida ni arrepentida es necesaria
la separación TOTAL (no recibir ni mensajes, nada escrito, llamadas, nada).
8. Otra cosa que impide la sanidad de la herida
es el sentimiento. El entendimiento debe
prevalecer sobre los sentimientos. Los
sentimientos son en gran parte lo que realmente somos. Los sentimientos impuros: todos aquéllos relacionados con el pasado que
provocó la herida, deben ser eliminados una y otra vez, cada vez que aparecen,
así como se limpia el pus de la piel.
Estos sentimientos representan impureza y deberán ir desapareciendo con
el paso del tiempo y la cicatrización, gracias al amor recibido. Toda falta de amor resultará en un plazo más
largo para lograr la total sanidad. Es inevitable cambiar esto al haber
adversidad (falta de propiciación para el amor externamente), pero nadie puede
evitar que nos amemos a nosotros mismos, sino sólo nosotros mismos. Es, por lo tanto, una responsabilidad
personal usar el entendimiento para vencer todo sentimentalismo vacío y lograr
la sanidad de la herida no importando cuánto tiempo lleve ni cuanto esfuerzo
represente. La clave de este punto está
en reconocer una y otra vez la ausencia de entendimiento y el intento de los
sentimientos de prevalecer por encima de él.
El entendimiento debe ser considerado un antídoto, y los sentimientos
impuros una infección.
9. Ninguna persona que ha sufrido una herida
volverá a ser la persona que fue. Las
heridas nos dejan marcados de por vida.
Pero, podemos crecer o decrecer.
Podemos pasar a ser mejores personas o perder una parte de nosotros que
nunca más volverá a ser parte de nuestra identidad. Es nuestra decisión. Sabiéndolo tendremos más razones para
escoger el camino más difícil, pero más lleno de recompensas. De cualquier forma somos lo que somos y no
podemos ser más, pero tampoco debemos ser menos; lamentablemente esto último sí
es posible. Es una elección.
Algo que es muy importante al estar en la
etapa de sanar una herida es estar en un ambiente totalmente ausente de
emociones. Las emociones son algo
negativo, dañino y destructivo para el
cerebro después de la etapa de la niñez. Las personas que responden emocionalmente demuestran egoísmo e inmadurez. Debido a la ignorancia no puede pedirse que
las personas dejen de ser ellas mismas.
Lo que hay que hacer es notar esto, y
aislarse de personas con estas características.
Las persona maduras, conscientes, instruidas, conocedoras mostrarán la
prudencia debida, que amerita una situación de cuidado, necesaria para la sanidad
de una herida.
Forzar alegría, provocar emociones, es una
violencia muy grande que puede destruir a una persona herida. Hacer esto debe ser reconocido como un grado
muy alto de ignorancia, irrespeto o soberbia.
Los sentimientos que deben participar en la
sanidad de las heridas deben ser totalmente puros. Debe existir una total ausencia de
egoísmo (tanto en la persona herida como en los que contribuyen a su sanidad). Por lo tanto, si la persona
herida no está rodeada de personas maduras, inteligentes, conscientes y
amorosas debe asilarse para recuperarse a solas, y luego reincorporarse cuando
haya terminado su sanación.
Algo muy sutil, que es muchas veces razón por
la cual una herida no sana, es la falta de perdón hacia uno mismo. Nuestros sentimientos, por ser nuestros son
muchas veces como aire, se siente, pero no se comprende, no puede ser sujetado
y usado. Debemos, pues, ser totalmente
sinceros y, como punto de partida, en el amor propio, desde el cual
comprendemos que somos seres humanos imperfectos con derecho de cometer errores
para aprender y crecer. Perdonarnos es
una decisión. Es esencial.
Si pasa el tiempo y sientes que las cosas no
están mejorando e incluso están empeorando, busca el perdón hacia ti mismo(a), y
tu amor propio. La vida seguirá su curso
natural.
Como decíamos, las heridas deben venir de
afuera, pero puede ser que se hayan provocado desde adentro. Veamos esto con detenimiento:
Las heridas pueden tener dos fuentes: ignorancia e injusticia.
La ignorancia puede provocar heridas internas
o externas. La injusticia sólo proviene
de afuera.
Veamos primero cómo funciona la ignorancia.
- La ignorancia nos incapacita para
reconocer el peligro. Por lo tanto nos
deja expuestos y desprotegidos, evitando que podamos protegernos y defendernos
del mal.
- El hecho de que haya habido una
herida, interna o externa, demuestra inequívocamente que nuestro fundamento
está mal. Nuestro enfoque de la vida y
conocimiento acerca del funcionamiento de sus leyes es incorrecto. Esto es ignorancia.
- Debemos reconocer aquellas cosas
que pueden herirnos y tomar cartas en el asunto: poner límites; estar alertas; tomar la
iniciativa; tomar el control; anticipar lo que pueda suceder; hacer balances
internos; definir hasta dónde estamos dispuestos a llegar; movernos por
conocimiento, convicciones y valores, y no por sentimientos, temores o
emociones, etc. Debemos estar
completamente conscientes, siempre, de todo aquéllo que es nuestr responsabilidad; y debemos evaluar con esa
misma constancia nuestra capacidad para continuar. Debemos estar parados en la verdad en cuanto
a nuestra capacidad sentimental, intelectual y física. Cualquier dolor debe mantenerse al margen de sensación, pero jamás
debe llegar al nivel de herida. Como lo
dijimos ya, el dolor significa lastimadura.
Esto puede ser indicador de violencia, fragilidad, debilidad, irrespeto,
agresión, etc. Es un buen punto y
momento para detenernos y preguntarnos ¿qué está mal en nosotros que está
permitiendo que seamos lastimados?
- Es parte de la ignorancia creer
que cualquier cosa que duele es una herida, y empezar a buscar culpables,
castigos, venganza, retribución. Herida es aquélla que penetra, que llega hasta
adentro. No es algo superficial. Queda, entonces, preguntarnos si somos
culpables por ignorancia, negligencia, acomodamiento, imprudencia, insensatez o
semejantes, o si realmente estamos padeciendo injusticia.
- El hecho de creer que podemos
soportar más de lo que en realidad podemos deja espacio para una herida. El no conocernos y no tener conciencia
correcta de nuestras debilidades y necesidades reales también. El vivir en nuestros sentimientos, en la
comodidad de nuestra conciencia personal, en lugar de unirlos a la realidad
visual, física, circunstancial también.
Todo esto puede ser ignorancia.
La verdad nos hace libres. La
culpa es nuestra. Nadie puede hacer lo
que sólo a nosotros nos corresponde hacer.
Para terminar con la ignorancia necesitamos
el conocimiento. Para evitar heridas tenemos
que vivir cuidando nuestra alma como cuidamos nuestro cuerpo. Ninguno de nosotros se para frente a un tren
dudando el daño que vaya a sufrir. Para
no sufrir daños nos informamos, nos medimos, aprendemos, consideramos ANTES de
realizar. Así tenemos que aprender a
conocer la condición, la fragilidad, la necesidad y la capacidad de nuestra
alma. Cuidar no es adivinar, “creer”,
calcular, probar, … cuidar es hacer lo que es necesario para evitar un daño. Eso es lo que debemos hacer. Para poder hacer debemos saber. Para saber debemos aprender.
Si al sufrir una primera herida no nos
detenemos para aprender y sanar, caemos en la dureza de corazón. Esto desencadena una pérdida de la
personalidad, un cambio negativo de carácter, un defecto que traerá sus
consecuencias. Muchas veces nuestras
circunstancias no nos permiten adelantarnos en la vida y evitar ser heridos,
pero la herida es un aviso, una oportunidad, una confrontación con la realidad
que no podemos ni debemos seguir negando.
Debemos terminar con nuestra ignorancia y tener celo por nuestra
felicidad personal.
El dolor es indicador de daño. Debemos respetar nuestra individualidad y
crecer en conocimiento, entendimiento, carácter, madurez. Según nuestro temperamento, nuestras
circunstancias, nuestras experiencias, deberemos decidir cómo proceder ante el
dolor. Nuestra actitud y acción correcta
puede evitar que debamos enfrentar una herida profunda en la vida. Si vivimos bien y hacemos cada cosa en su
tiempo, quizás logremos vivir sin una sola herida, o con una leve que agregue a
nuestra identidad fuerza, dulzura, inteligencia, carácter, … Las heridas provocadas por la injusticia son
heridas que muchas veces no pueden ser evitadas. Es algo que queda únicamente bajo la soberanía
de Dios. Cómo respondemos a ello es lo
que sí depende de nosotros.
Resumamos:
Una herida es una alerta roja.
Jamás debemos ignorarla, taparla, evitar enfrentarla, postergar su
sanidad, … debemos aprovechar lo sucedido para sacar gran provecho de ello,
lejos de permitir que nos deje temerosos, inseguros, confundidos, desanimados,
incrédulos en cuanto a las opciones que nos concede la vida; afectados. Las consecuencias negativas de una herida no
tratada pueden ser: inseguridad;
inestabilidad; dureza de corazón; amargura;
odio hacia la vida, hacia el amor, hacia los demás; desequilibrio;
inmadurez …
Dice Charles Swindoll acerca de la
negligencia y postergar las cosas: “…
ella (la negligencia) huye con valores preciosos, dejando sustitutos baratos
en su lugar: excusas, racionalizaciones,
promesas vacías, vergüenza y culpa.”
Debemos comprender que una herida es una
responsabilidad personal. Antes que nada
debo entender que es mi culpa y mi responsabilidad el haber permitido que
alguien me hiriera. En casos de engaño y
violencia esto no se cumple, pero en los demás casos soy yo quien debe definir
los límites y establecer hasta dónde llegarán las personas en mi vida. Ser personas distantes, indiferentes,
egoístas no es una opción ni solución.
Debo afrontar este suceso con seriedad y debo crecer. El amor propio es la clave. Debo aprender a vivir con celo por mi
felicidad personal; y debo aprender a vivir en la justicia del amor, que no le
hace daño a nadie, sino vela por el bienestar general de los seres humanos sin
hacer acepción de personas.
Las heridas que se obtienen por la injusticia
(violencia, irrespeto manifestado a pesar de la resistencia, oposición,
negación que uno ha mostrado, heridas físicas, etc ….) son heridas muy
profundas, llamadas generalmente traumas.
El trauma se da debido a la sorpresa y convicción de la persona herida de que lo sucedido era imposible; no podía pasar, pero sí pasó. El
trauma es el resultado de una contradicción.
Al ser objetivos, realistas y prácticos, y
ver la vida con seriedad quedamos protegidos de sufrir un trauma, debido a
nuestra conciencia, que hace un balance realista en el área de los
sentimientos: “No deseo que me suceda
esto. Quiera Dios que no suceda.” Pero sabemos que cabe dentro de lo
humanamente posible. P.ej.: Un ataque de tiburón porque voy muy seguido a
nadar en el mar; una picadura de
serpiente porque trabajo en la jungla;
una cortadura porque trabajo con maquinaria peligrosa; un accidente de carro porque manejo todos los
días en lugares llenos de curvas, hoyos y conductores descuidados y
abusivos; divorcio debido a adulterio
porque vivo en una sociedad machista;
etc.
La sanidad de una herida por injusticia es
mucho más dolorosa que una por ignorancia.
La que sucedió por ignorancia recibe el atenuante: “es mi culpa.” La otra simple y sencillamente no tiene
explicación ni justificación. La única
explicación válida, que ayuda a sobrellevar lo sucedido es: “La soberanía de Dios lo permitió.” Esto hace el asunto mucho más serio y
delicado. La seriedad con la que debe
ser afrontado el suceso debe ser equivalente.
No debemos minimizar los hechos, y debemos proceder con diligencia y
fidelidad a la sanidad. P.ej.: Un accidente debido a un conductor ebrio que
no se detuvo en el semáforo en rojo; la
pérdida de un miembro por el ataque de un ladrón; una enfermedad mortal debido a la negligencia
de un doctor; etc.
1. Lo
primero que se hace muy necesario es el silencio. Esto es indispensable para comprender lo
sucedido en su totalidad; los sucesos en sí mismos; comprender nuestros
sentimientos en ese contexto, así como los cambios imprevistos y no deseados
que se han dado en nuestra vida. Es el
silencio el que contribuye a fortalecernos y capacitarnos para enfrentar la
realidad porque escogemos: valentía,
conciencia, responsabilidad, disposición, amor, fe, humildad, esperanza,
madurez. El silencio nos permitirá
enfrentar el dolor y digerirlo. Tras el
silencio vendrá la calma, tras la calma vendrá la paz conforme la verdad va
siendo aceptada en nuestro interior, y nuestro corazón encuentra la libertad
para manifestarse con toda honestidad y justicia.
2. Expresar
el dolor. Se hace necesario estar cerca
de personas que comprenden la importancia de manifestar abiertamente los
sentimientos genuinos, sin cohibiciones, represión, hipocresía, cobardía,
vanidad. Y es muy necesario estar a
solas cuantas veces sea necesario para llorar, pensar, recordar, gritar,
“pelear con Dios”, etc. Lo básico aquí
es la honestidad. Si en mi corazón hay
ira, resentimiento, odio, la ayuda más grande que voy a recibir es reconocerlo,
y ponerlo delante de Dios para que la justicia se manifieste a mi favor,
gracias a que confío en un Dios soberano, justo, todopoderoso, que sabe qué
hacer con lo que yo no puedo manejar.
Especialmente en situaciones en las que no se sabe con detalle lo
sucedido, como en el caso de violaciones, torturas y asesinato, esto se hace
muy necesario.
No debemos preocuparnos ni atemorizarnos por
lo que sentimos o decimos en privado.
Lo único que debe provocarnos temor es negar la verdad y apartarnos de
Dios, quien es el único que puede ayudarnos realmente a recuperarnos de lo
sucedido. Dios nos conoce mejor que
nosotros a nosotros mismos. El no quiere que seamos hipócritas y que
pretendamos, cuando es El quien sabe perfectamente bien cómo nos sentimos, y es
El el que tiene el control de todo lo sucedido, y definitivamente tiene pensamientos
de paz y de bendición para nosotros aunque en ese momento nosotros seamos incapaces
de verlo así. Porque las cosas vividas
son violentas es muy importante comprender que nos toparemos con personas que
juzgarán nuestros sentimientos, pensamientos o actitudes como agresivos, resentidos,
inadecuados, violentos, herejes, blasfemos, etc. Somos nosotros, las personas afectadas,
heridas, las víctimas, las que debemos comprender a las personas que no
entienden nuestra situación, y ABSTENERNOS de manifestarles algo relacionado
con nuestra vivencia. Vivimos en un
mundo que ha estado acostumbrado al sensacionalismo. Tendrá que pasar un tiempo antes de que esta
costumbre inhumana desaparezca de los cerebros de toda persona.
Sólo el tiempo y el amor sanarán
las heridas. Los recuerdos son las
cicatrices que no podemos borrar.
Debemos buscar lograr que el amor hacia nuestros seres queridos y hacia
nosotros mismos prevalezca por encima de todo sentimiento oscuro y negro. Son sentimientos correctos. Dios, que es santo, odia el pecado. Así nosotros podemos odiar la maldad, pero
debemos cuidarnos de odiar a las personas que podrían proceder al
arrepentimiento y encontrar la misericordia de un Dios de perdón. “Dios ama al pecador, pero aborrece el
pecado.”
No debemos provocar sentimientos
con la mente. Debemos permitir que las
cosas sigan su curso natural. Conforme
el dolor va cediendo, gracias al amor, a la concentración de nuestros
sentimientos y pensamientos en todo lo bueno que vivimos, nuestro corazón va
encontrando la paz, y nuestra mente la justicia. Nos apoyamos en la promesa de Dios, que
dijo: “No te vengues tú mismo. Mía es la venganza, yo pagaré.” Esto nos permite odiar el mal, y confiar en
que todos aquéllos que estén bajo su dirección y/o protección sufrirán la ira
del Dios vivo.
Expresar el dolor y tener el
dolor son dos cosas distintas. El dolor
debe ser expresado mientras la herida sana.
Una vez sanada la herida puede haber dolor por el resto de la vida
mientras no haya habido justicia. Este
dolor puede ser llevado dentro, sin que nadie lo note ni lo sepa. Debemos ser fuertes.
Hay cosas que posiblemente no entenderemos
completamente, y tal vez ni siquiera parcialmente, hasta que estemos con Dios
en el cielo. No podemos pelear contra
Dios, es destruirnos a nosotros mismos.
Pero debemos ser sinceros, y debemos permitir que nuestros sentimientos
se manifiesten hasta encontrar la paz en la aceptación de la soberanía de Dios,
Su bondad, amor, sabiduría y fidelidad.
3. OIR
y escuchar opciones. Al sentir un dolor
muy grande, nuestra alma queda incapacitada para ver objetivamente las
posibilidades que la vida nos presenta.
Nos encontramos en un lugar de nubes grises. Esto no debe negarse, sólo aceptarse. Debido a esta realidad, personas amorosas, ya
sea que hayan tenido experiencias similares y hayan salido de su hoyo negro, o
bien, personas amorosas dispuestas a amar incondicionalmente son de mucha
ayuda. Debemos OIR lo que tienen que
ofrecernos, y considerar humilde y objetivamente las opciones. No estar abiertos a esto denota raíces de
amargura. Esto es muy peligroso. La
amargura significa corrupción. Es un
alto grado de egoísmo, y es algo que sólo Dios puede resolver. Hay que cortarlas desde el primer signo de
presencia. Llorar y orar ayuda mucho, así como la determinacion de perdonar, no importando cuánto cueste, duela o tarde.
La humildad y la objetividad son esenciales
en esta etapa: P.ej. Es posible que la propuesta nos resulte
atractiva y prometedora, pero nos sintamos incapaces en ese preciso momento,
entonces es muy importante ser honestos y decir algo como: “Me resulta muy atractivo. ¿Es posible que yo
te llame cuando me sienta lista para aceptar tu ofrecimiento?” O: “En
este momento no me siento con ánimos, pero no quiero decirte un rotundo no. ¿Podés esperar unos días, para ver si más
adelante me siento bien para poder aprovechar lo que me proponés?”
Dado que estamos hablando de heridas
profundas, es muy importante notar que una persona que promete algo y no cumple
es una persona peligrosa con la que no puede ni debe contarse. Debes apoyarte en personas fieles solamente. Los sentimientos pueden estar deseosos de
creer cualquier cosa para aliviar el dolor.
Usa la razón y evita todo daño posterior al ya sufrido. Debes sanar.
No te juegues nada.
4. Escoger
la mejor opción. Momento a momento
tendrás que elegir y tomar decisiones.
Aunque parezcas tosco(a), grosero(a), malagradecido(a) es posible que
haya partes de ti que realmente están muriendo.
No puedes considerar los sentimientos de los demás, tienes que
concentrarte totalmente en tu propia sanidad.
Las personas que se acerquen a ti con amor lo comprenderán. Ellas saben que en estas circunstancias todos
los involucrados sufren un poco, y unos más que otros. Es una etapa de crecimiento. Lo que realmente importa es la verdad acerca
de ti, de tu estado, del amor real de quienes se acercan a ti y de tu herida en
proceso de sanación.
Entramos a un terreno complicado: sentimientos, etapas, circunstancias,
posibilidades. Es tu tarea decidir de
qué te vas a agarrar. Puede ser que
hagas una combinación de cosas personales que quieres, necesitas y te ayudan,
con cosas que otros te ofrecen. Eso no
tiene que saberlo nadie más que tú.
También es posible que lo que tú tienes
resulte inadecuado e insuficiente, y lo que otra persona te ofrece te haga
mucho bien y resulte el ungüento ideal para tu dolor. Entonces debes renunciar a todo orgullo e
intento de resolver tú solo algo que no puedes resolver por ti mismo(a). Y debes agradecer con todo el corazón lo que
recibes. Esto contribuirá grandemente a
tu sanidad, porque verás amor, compasión, fidelidad, fortaleza, ternura,
dulzura, en donde ya no veías más que maldad.
También es posible que no haya nadie que te
entienda, y que tengas que salir tú solo(a).
Cierta música, libros, películas, la Biblia, la oración, son cosas que
pueden darte ánimo. Estos sucesos son
necesarios porque una persona que sale sola es una persona capaz de ayudar a
muchos cuando ha terminado su sanación.
Es Dios el que define esto, nadie más.
Es algo que no debe ser forzado jamás, solamente aceptado. Y todo lo que Dios te ponga en el
camino: cosas para tener comodidad,
placer, descanso, deben ser reconocidas, utilizadas y apreciadas.
Una y otra vez debes reconocer qué es lo que
te está ayudando y qué no. Hay que ir
ajustando lo externo con lo interno, y reacomodando los sentimientos, los
pensamientos y la identidad a lo sucedido.
5. La
sanidad de la herida debe ser tu prioridad.
No es posible volver a vivir una vida normal hasta que este proceso haya
concluído. Debemos ir reincorporándonos
poco a poco, paso a paso, hasta notar que podemos vivir una vida normal, como
personas nuevas que han crecido en una forma no escogida, pero aceptada.
Poco a poco iremos disfrutando ser quienes
ahora somos, y guardaremos en nuestro corazón una verdad que es sólo nuestra. Y
sabemos que viviremos en un lugar en donde no existen las lágrimas ni el dolor.
Nos hemos concentrado en nosotros
mismos: nuestra percepción, nuestra
posición, nuestro entendimiento. Ahora
vamos a ver el panorama completo que nos explica el corazón de Dios.
Existe un infinito que nos conecta con la
vida eterna. Sólo tenemos acceso a este
infinito a través de la pureza de nuestro corazón. Este infinito es el amor. El corazón siempre debe ver este infinito, creer
en él, refugiarse en él. Las heridas son
el resultado de haber sido apartados de este infinito y haber entrado en
contacto con la parte destructiva de nuestra humanidad.
No existe infinito en la
mente. La mente es la que debe
protegernos del ámbito finito, imperfecto, adverso, negativo y
destructivo. Es la mente la que debe
manejar todo lo relacionado con las leyes de la vida, las reglas a respetar,
los principios a comprender, los valores personales y el funcionamiento general
de las cosas, para poder proteger al corazón para que éste pueda moverse en el
infinito sin peligro, sin temor y sin limitaciones. No es el corazón el que debe conocer
límites. El corazón debe buscar y mantener
su pureza, y buscar siempre la libertad y la justicia. Y es la mente la que se encarga de conocer
los límites que le corresponde comprender al cuerpo: límites en cuanto a nuestras capacidades
físicas, intelectuales y también sentimentales.
Tenemos una capacidad específica para
soportar dolor sin llegar al daño.
Tenemos una capacidad específica en cuanto a habilidades físicas e
intelectuales (deporte, arte, música, ciencia, etc.) Y esto debe ser comprendido, respetado y
protegido por la mente. La mente nos
guía en el ámbito terrenal. El corazón
nos conecta con el infinito celestial. Y
es lo celestial lo que nos fortalece para vencer toda adversidad en el ámbito finito. Aquí aprendemos a escoger lo eterno y nos
hacemos dignos de ello, venciendo a través del amor todo lo corruptible,
destructivo, malvado y perverso.
La mente puede imaginar, soñar,
desear, … pero debe respetar los límites para no caer en engaño, corrupción,
locura o riesgo (peligro). Dado que es
la mente la que protege al corazón a través de la inteligencia, la mente no
debe divagar ni relajarse a menos de que todo sea óptimo y esté protegido y
seguro. Es decir, mientras no estemos en
un ambiente de seguridad, la mente es el vigía, el guarda a la puerta, que debe
estar velando, esperando encontrar la seguridad, y encargándose fielmente de
que todo esté bien, hasta que llegue una opción para que el cuerpo pueda estar
seguro.
Mientras el corazón y la mente funcionen como
un equipo que se mueve en fidelidad, y como corredores que se dan la barra, el
cuerpo estará seguro y protegido de daño.
La mente y el corazón estarán protegiéndose constantemente en forma
recíproca. Jamás debe haber discrepancia
entre la mente y el corazón en cuanto a valores, principios, prioridades,
etc. Si esto se da, debe hacerse un alto
y la voluntad debe tener una cita y una reunión muy larga y seria con la verdad
hasta decidir cuáles serán los valores, etc. que regirán su vida, y hasta que
esto se haya decidido se volverán a tomar decisiones; y todo lo que ha de ser
desechado, sea del corazón o de la mente, debe serlo a la brevedad, en forma
fiel, hasta haber colocado y puesto a funcionar lo nuevo que ha sido aceptado
por la voluntad que ha hecho la paz con la verdad.
El infinito está, pues, afuera de nosotros,
no adentro. Y son sólo nuestros
sentimientos los que se unen a él, jamás nuestra mente, ni nuestra voluntad, ni
nuestro cuerpo.
El infinito es la naturaleza de Dios. Nadie
sabe hasta dónde puede llegar. Viviendo
cada día apegados a la verdad que nuestra mente debe observar garantizamos
nuestro derecho al infinito. La vida se
despliega conforme avanzamos.
Si recorriéramos la Tierra a pie, jamás
podríamos saber qué hay al final del camino, porque el hecho de que es redonda
nos impide ver más allá de cierta distancia.
Sólo somos capaces de ver una parte de la curva. Pero conforme caminamos vamos viendo lo que
siempre estuvo allí, pero no estaba al alcance de nuestro ojo. Nuestra seguridad está en que estamos en la
Tierra y en ningún momento nos saldremos de ella, no importando qué dirección
escojamos. Esto es vivir en el infinito. Es vivir con seguridad, a pesar del sinfín de
posibilidades que tenemos a nuestro alrededor.
Una persona que escoge no perdonar, no sanar
su herida, no tomar responsabilidad en lo sucedido, no ayudarse a sí misma ni
recibir ayuda es una persona infiel que le ha fallado a la vida y al amor, y
que vivirá cobrándole a otros una cuenta que ella misma no quiso saldar.
No importando cuánto duela, cuánto cueste,
cuán desagradable, incómodo o difícil sea, si hemos sido heridos, debemos sanar
nuestra herida, con ayuda o sin ella. Dios está con nosotros. Dios está a nuestro favor. El nos ama y nos creó para que seamos felices
amando y siendo amados, sirviendo a la
vida, haciendo el bien. Tenemos derecho
de disfrutar todas las cosas que El nos concede. NADIE tiene derecho de
privarnos de lo que nos corresponde.
Aquí es muy importante mencionar que una persona herida injustamente, que ha manifestado su rechazo a tal hecho, que vuelve a ser lastimada con indolencia e indiferencia puede reaccionar con ira. Esto significa daños incalculables para todos alrededor.
Aquí es muy importante mencionar que una persona herida injustamente, que ha manifestado su rechazo a tal hecho, que vuelve a ser lastimada con indolencia e indiferencia puede reaccionar con ira. Esto significa daños incalculables para todos alrededor.
El corazón es nuestra esencia. Es lo que realmente somos. Es por eso que es el corazón el que realmente
define si hemos de vivir eternamnete o hemos de morir. El corazón se hace manifiesto en lo que
hacemos. El resultado de todo lo que
pensamos, sentimos, hacemos y dejamos de hacer es lo que conforma nuestra
identidad e individualidad. No puede ser
negado. Es una realidad. El cuerpo es el corruptible y no puede
heredar lo incorruptible. Viviendo con
inteligencia, amor y fidelidad en este cuerpo nos hacemos dignos de lo incorruptible, y podemos recibir la
promesa de un cuerpo incorruptible, para disfrutar lo que en esta vida es
imposible: una vida sin sufrimiento, sin
tristeza, sin muerte, sin separación.
¡Vivamos con
libertad, libres de resentimiento, de ignorancia, de cobardía, de egoísmo, de
temores, de debilidad! ¡Vivamos
intensamente y abracemos la felicidad!
¡La eternidad nos espera con galardón y mucha más felicidad que la que
aquí podemos gustar y disfrutar!
¡Celebrémoslo desde ya!
No permitas que nadie te diga
que no se
puede.
¡Qué nadie te diga que no se
debe!
"En medio de las dificultades
podemos encontrar oportunidades."
Albert Einstein
"Los errores de un hombre son su portal al descubrimiento."
James Joyce
Tú estabas allí
La ilusión se desvaneció
y la verdad me destrozó.
El sueño en pesadilla se tornó
y la alegría en tristeza se convirtió.
Pero tú estabas allí.
Mi corazón quebrantado estaba;
como río las lágrimas por mis mejillas rodaban
Pero tú estabas allí.
Mi alma agonizaba;
mi interior desesperaba.
Pero tú estabas allí.
El amor en ningún lado veía
y todo perdido creía.
Pero tú estabas allí.
La esperanza perdida sentía;
mi fe casi se desvanecía.
Pero tú estabas allí.
Nunca me dejaste;
con tu dulce amor me consolaste.
Tu fe en mí me recordaste
y con tu presencia me levantaste.
Tú estabas allí.
Me fortaleciste,
me guiaste,
me amaste
y me restauraste.
Tú estabas allí.
Hoy río y canto;
hoy vivo sin llanto;
y aunque aún hay dolor
ya no queda ningún temor
porque tú estabas allí.
He comprendido
Que sin ti todo está perdido.
Sin ti el río se vuelve un desierto
y el más profundo sentimiento es incierto.
Sin ti nada deseo
y no encuentro en mí ningún anhelo.
Pero por tu amor hoy el cielo veo
y mi corazón alza el vuelo
en busca del Sol en la inmensidad;
en busca de la felicidad
que sólo en el amor se puede hallar.
Hoy sé que no voy a desmayar
y que voy a brillar
al tu amor y la vida abrazar
y volverte a encontrar.
Porque tú estabas allí.
Recomendaciones:
Canciones:
"Restless heart", M. Smith
"Where do you hide your heart", Amy Grant
"I have decided" Amy Grant
"Do I trust you Lord?" Twila Paris
"I will survive" Gloria Gaynor
"You decorated my life" Kenny Rogers
"It´s a heartache" Bonnie Tyler
"Heartbreaker" Dionne Warwick
"You´ve got the power to safe me" Cristy Lane
"Ya no" Lucero
"Oh, Lord, your tenderness" Bob Fitts
"A broken spirit" Marty J. Nystrom
"Por el amor de una mujer" Julio Iglesias
"Todavía duele" Nelson Ned
"El me mintió" Amanda Miguel
"Learrn to say goodbye" D. Springfield
"Sara" Starship
"Just for the fun of it" Nat King Cole
Blogs asociados: "El subestimado Perdón"; "El Dolor"; "Pasado , Presente y Futuro"; "Felicidad"; "El Miedo".
Libros: "Amar sí se puede" (R. Shinyashiki); "Moving into Balance" (B. Larrivee)