miércoles, 23 de enero de 2019



Demos comienzo a este razonamiento diferenciando entre ser lastimados y ser heridos.  ¿Cuál es la diferencia?  Lastimar es externo:  majar, machacar, quemar superficialmente, raspar, golpear, apretar, presionar … la lastimadura permanece en la parte externa del cuerpo.  Herir es llegar hasta adentro:  cortar con un cuchillo, abrir el cuerpo, quebrar un hueso, introducir una bala, estrangular, …

Las lastimaduras provocan dolor, pero no daño.  El mal pasa prontamente y no quedan secuelas.  Las heridas son distintas.  El dolor es mucho más profundo, hay un daño, y se necesita tiempo, atenciones, paciencia y fidelidad para recuperarse.  La vida nunca es lo que fue.

Una persona que sigue viviendo como si no hubiese sufrido una herida es una persona insensata que se arriesga a tener grandes pérdidas debido a su falta de seriedad, sensatez y madurez.  La regla es que debemos aprender grandes lecciones de nuestras heridas, y vivir seria, sensata y maduramente para no volver a sufrir una semejante.  No todos tenemos la capacidad de ayudar a otros después de una herida, pero todos debemos crecer y enseñarnos a nosotros mismos para vivir victoriosamente, con seguridad y madurez.
Una persona que ha sufrido una herida debe ser una persona que tiene más que las demás.  Es una persona que desarrolla una conciencia, una fuerza, una capacidad que las demás no han desarrollado ni pueden desarrollar hasta pasar por lo mismo, lo cual, gracias a Dios, no debe acontecerle a todas.

Aunque, debido a nuestra personalidad, capacidad, respuesta a la experiencia, no podamos ayudar a otros, como ya se dijo, el no crecer demuestra que la herida nunca sanó.  Entonces, lejos de obtener un beneficio, las personas mostrarán secuelas:  debilidad, irritabilidad, inestabilidad, falta de alegría, exceso de seriedad, hasta desequilibrio:  arranques de cólera, infidelidad, agresión, amargura, etc.

            Es importante entender que podemos provocarnos heridas nosotros mismos.  Las heridas deben venir de afuera, como un resultado de violencia, de irrespeto, pero jamás de adentro.  Esto es posible al acutar confiadamente, con ignorancia, ingenuamente, impulsivamente, emocionalemnte, vanidosamente, egoistamente, etc.  


Para un corazon herido, ¿tienes destrozado el corazon?
              
             Debemos ser muy cuidadosos de no culpar a otros de cosas que nosotros mismos estamos provocando.  Es una tendencia egoísta el buscar excusas, razones externas, para nuestro malestar.   
                Puede ser que lo que mencionemos, veamos, notemos, sea real, pero NO la razón de nuestro dolor.  El dolor consistente demuestra que el problema está en nosotros.  Y el hecho de no separarnos de personas que nos lastiman, el hecho de no comunicarnos con la verdad, el hecho de no hacer sabido algo que está mal en el actuar de los demás es herirnos nosotros mismos.  Puede ser debilidad, falta de madurez, falta de carácter, temor, ... pero independientemente de lo que sea se ha hecho evidente nuestra falta de amor propio.

                Debido a la falta de Dios, a la falta de comunicación con nuestro Creador, podemos desarrollar una dependencia de los demás que nos provoque estas heridas.  Aceptamos estar cerca de ellos,  pasando encima de nuestra identidad, abriendo una herida que puede no sanar.  La herida en la identidad es una herida que puede destruirnos parcial o totalmente.  Puede llevarnos a la locura o al suicidio, o bien, incapacitarnos para ser quienes un día fuimos.  Y nos incapacita para poder llegar a ser quienes pudimos llegar a ser.

                Podemos aprender a conocernos, y a protegernos y a defendernos para evitar ser heridos.  Pero más importante aún es saber protegernos de nuestra propia ignorancia. Vivir protegidos es algo que todos debemos aprender.  Las personas que no tienen esta necesidad tampoco pueden ser heridas, sólo lastimadas; así como su mente no tiene la capacidad para protegerse tampoco tiene la capacidad para reconocer las cosas que hieren.  Por lo general son personas que están protegidas por alguien más, que sí tiene la capacidad de ver que todo esté bien.  Y, como los niños, olvidan.  Nosotros, como adultos maduros, debemos estar en control.  “Entre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida.”  Prvbs.

                ¿Cómo notamos una herida?  Perdemos la alegría, el ánimo y las fuerzas,  y si no lo notamos pronto, es muy posible que afecte nuestra salud física.   Una herida provoca un cambio repentino y dramático en nuestro carácter.  Puede notarse en explosiones de cólera, grosería, enojo, tristeza profunda e inexplicable, mucho cansancio anormal, agotamiento,  debilidad, falta de capacidad para concentrarnos, falta de memoria, capacidades afectadas (p.ej. menos velocidad, menor rendimiento, cometer errores constantemente).

                Al notar una herida es muy probable que no sepamos quién nos hirió, en qué momento, cómo ni por qué.  Pero es muy importante notar los síntomas para proceder a encontrar la raíz del problema para poder solucionarlo.
                Una herida puede tardar hasta años en sanar.   Pero desde el momento en el que se reconoce el suceso empieza este proceso de sanidad.
Una herida no sanada es como un cáncer que se desarrolla en lo oscuro de nuestro interior.  La única forma de notar su presencia es estando ATENTOS a las señales.  La sutileza del odio, del resentimiento, y similares, deben ser detectadas tempranamente para no resultar justificando actitudes, echándole la culpa a otras personas, a sucesos, a circunstancias, negando obstinadamente la verdad que debe ser tratada inmediatamente para evitar pérdidas lamentables.  Todo lo anteriormente enlistado en la respuesta de "¿Cómo notamos una herida?" demuestra que ha habido una herida, lo querramos o no, lo hayamos notado o no, lo creamos o no.  Las señales confirman que la herida está adentro de nosotros.  Debemos hacer algo al respecto.

La sanidad de la herida depende de la madurez de la persona.  Entre más inmadura sea más le dolerá, y más tiempo llevará el proceso, pero este proceso debe darse inmediatamente.  De no ser así, puede haber pérdidas parciales hasta totales en la vida de la persona afectada (herida).
“Solamente el corazón conoce su propia aflicción, y ninguna otra persona puede com-partirlo completamente.  El dolor opera solo;  no necesita asistencia.  Comunica su mensaje propio a cualquiera:  rico o sirviente, predicador o pecador, madre o hijo.  Quedándose, rehusa ser igno-rado.  Doliendo, reduce a su víctima a profundas profundidades de angustia.  Y es en este punto de angustia en el que el sufriente se somete y aprende, desarrollando madurez y carácter;  o se resiste y se vuelve amargado;  y queda hundido en autoconmiseración, asfixiado por su obstinación.”                                  Charles Swindoll (“Killing Giants, pulling Thorns.”)

                Para que pueda darse la sanidad debe haber:
1.        Claridad en cuanto a la raíz del problema.  ¿Qué fue lo que la provocó?
2.      Apego total a la verdad, sin dejar cabos sueltos.  La verdad debe ser hallada, enfrentada, aceptada y tratada.  Es como la limpieza.  Debe quitarse toda la suciedad alrededor (mentiras, conjeturas, desconfianza, sentimientos egoístas, resentimientos, suposiciones).  En casos en los cuales uno no tiene acceso  a la verdad lo que debe darse es apego a los hechos que SÍ son de la total conciencia de uno.
3.       Separación inmediata de la persona que provocó la herida.
4.       Tiempo para meditar y libertad para expresarse  A SOLAS (esto incluye:  llorar, hablar en monólogo, irrumpir en lágrimas, soportar estallidos de cólera, hablar con emoción al respecto: expresar vergüenza, molestia, arrepentimiento, etc.).  Hablar de la herida o los sentimientos alrededor de ella exclusivamente con personas que se han mostrado fieles a lo largo de la vida.  Con nadie más.
5.    Compromiso personal para sanar la herida hasta que esté totalmente cerrada y cicatrizada.  No descuidar en ninguna etapa del camino el hecho de que se está sanando.  No demandar más de un mismo de lo que uno puede dar.  No apresurar ni retardar el proceso. Proceder a hacer todo lo que corresponda para la sanidad, y rehusarse a hacer cualquier cosa que demande un esfuerzo inadecuado debido al estado de dolor en el que se encuentra la persona afectada.
6.    Pueden hacerse toda clase de cosas ajenas a la herida.  Cosas que sean positivas:  recibir cariño, ayuda, invitaciones, visitas, regalos, etc., … cosas que no puedan dañar de ninguna manera a la persona que las recibe. 
Cuando distraer la mente ayuda, debe hacerse:  circo, teatro, cine, música, películas, lecturas, paseos, zoológicos, etc., siempre considerando el ambiente óptimo para la persona afectada; y sólo cuando se necesite absoluta paz debe buscarse el aislamiento para cumplir con el propósito de continuar sanando.
7.       La insensatez (egoísmo, orgullo) puede contribuir grandemente a impedir que la herida sane.  Debe buscarse la sensatez, una vez encontrada debe buscarse la humildad, y luego poner a funcionar la paciencia, la templanza, y el amor para con uno mismo.  Esto es especialmente importante de comprender cuando una persona muy querida se ha vuelto una persona no grata debido a su mal actuar (infidelidad).  Si esta persona está arrepentida y tiene amor para dar, este amor contribuirá a la sanidad de la herida.  Si la persona es muy cercana (como en el caso de cónyuges, padres e hijos, hermanos que viven juntos, etc.) es muy posible que el amor de esta persona sea totalmente indispensable, y que la sanidad no se dé sino hasta que se haya aceptado el amor de esta persona.  Entonces, … en estos casos lo primero es perdonar.  Sin perdón el asunto está estancado (varado) y lo que sea que se haga se perderá debido a la falta de un orden adecuado.  Una vez se ha perdonado sinceramente, se puede proceder a recibir el amor de la persona, con toda honestidad, siguiendo el curso natural de las cosas:  no forzar y no retardar.  Si se da el caso opuesto, en el que la persona que agredió no está avergonzada, ni dolida ni arrepentida es necesaria la separación TOTAL (no recibir ni mensajes, nada escrito, llamadas, nada).
8.       Otra cosa que impide la sanidad de la herida es el sentimiento.  El entendimiento debe prevalecer sobre los sentimientos.  Los sentimientos son en gran parte lo que realmente somos.  Los sentimientos impuros:  todos aquéllos relacionados con el pasado que provocó la herida, deben ser eliminados una y otra vez, cada vez que aparecen, así como se limpia el pus de la piel.  Estos sentimientos representan impureza y deberán ir desapareciendo con el paso del tiempo y la cicatrización, gracias al amor recibido.  Toda falta de amor resultará en un plazo más largo para lograr la total sanidad. Es inevitable cambiar esto al haber adversidad (falta de propiciación para el amor externamente), pero nadie puede evitar que nos amemos a nosotros mismos, sino sólo nosotros mismos.  Es, por lo tanto, una responsabilidad personal usar el entendimiento para vencer todo sentimentalismo vacío y lograr la sanidad de la herida no importando cuánto tiempo lleve ni cuanto esfuerzo represente.  La clave de este punto está en reconocer una y otra vez la ausencia de entendimiento y el intento de los sentimientos de prevalecer por encima de él.  El entendimiento debe ser considerado un antídoto, y los sentimientos impuros una infección.
9.       Ninguna persona que ha sufrido una herida volverá a ser la persona que fue.  Las heridas nos dejan marcados de por vida.  Pero, podemos crecer o decrecer.  Podemos pasar a ser mejores personas o perder una parte de nosotros que nunca más volverá a ser parte de nuestra identidad.  Es nuestra decisión.  Sabiéndolo tendremos más razones para escoger el camino más difícil, pero más lleno de recompensas.  De cualquier forma somos lo que somos y no podemos ser más, pero tampoco debemos ser menos; lamentablemente esto último es posible.  Es una elección.
Algo que es muy importante al estar en la etapa de sanar una herida es estar en un ambiente totalmente ausente de emociones.  Las emociones son algo negativo, dañino y destructivo  para el cerebro después de la etapa de la niñez.  Las personas que responden emocionalmente demuestran egoísmo e inmadurez.  Debido a la ignorancia no puede pedirse que las personas dejen de ser ellas mismas.  

Lo que hay que hacer es notar esto, y aislarse de personas con estas características.  Las persona maduras, conscientes, instruidas, conocedoras mostrarán la prudencia debida, que amerita una situación de cuidado, necesaria para la sanidad de una herida.

Como curar el corazón herido | Heridas del alma, Corazón herido ...
Forzar alegría, provocar emociones, es una violencia muy grande que puede destruir a una persona herida.  Hacer esto debe ser reconocido como un grado muy alto de ignorancia, irrespeto o soberbia.

Los sentimientos que deben participar en la sanidad de las heridas deben ser totalmente puros.  Debe existir una total ausencia de egoísmo (tanto en la persona herida como en los que contribuyen a su sanidad).  Por lo tanto, si la persona herida no está rodeada de personas maduras, inteligentes, conscientes y amorosas debe asilarse para recuperarse a solas, y luego reincorporarse cuando haya terminado su sanación.
Algo muy sutil, que es muchas veces razón por la cual una herida no sana, es la falta de perdón hacia uno mismo.  Nuestros sentimientos, por ser nuestros son muchas veces como aire, se siente, pero no se comprende, no puede ser sujetado y usado.  Debemos, pues, ser totalmente sinceros y, como punto de partida, en el amor propio, desde el cual comprendemos que somos seres humanos imperfectos con derecho de cometer errores para aprender y crecer.  Perdonarnos es una decisión.  Es esencial.    

     
Si pasa el tiempo y sientes que las cosas no están mejorando e incluso están empeorando, busca el perdón hacia ti mismo(a), y tu amor propio.  La vida seguirá su curso natural.

Como decíamos, las heridas deben venir de afuera, pero puede ser que se hayan provocado desde adentro.  Veamos esto con detenimiento:
Las heridas pueden tener dos fuentes:  ignorancia e injusticia.
La ignorancia puede provocar heridas internas o externas.  La injusticia sólo proviene de afuera.

Veamos primero cómo funciona la ignorancia.
-              La ignorancia nos incapacita para reconocer el peligro.  Por lo tanto nos deja expuestos y desprotegidos, evitando que podamos protegernos y defendernos del mal.
-        El hecho de que haya habido una herida, interna o externa, demuestra inequívocamente que nuestro fundamento está mal.  Nuestro enfoque de la vida y conocimiento acerca del funcionamiento de sus leyes es incorrecto.  Esto es ignorancia.
-              Debemos reconocer aquellas cosas que pueden herirnos y tomar cartas en el asunto:  poner límites; estar alertas; tomar la iniciativa; tomar el control; anticipar lo que pueda suceder; hacer balances internos; definir hasta dónde estamos dispuestos a llegar; movernos por conocimiento, convicciones y valores, y no por sentimientos, temores o emociones, etc. Debemos estar completamente conscientes, siempre, de todo aquéllo que es nuestr responsabilidad; y debemos evaluar con esa misma constancia nuestra capacidad para continuar.  Debemos estar parados en la verdad en cuanto a nuestra capacidad sentimental, intelectual y física.  Cualquier dolor debe  mantenerse al margen de sensación, pero jamás debe llegar al nivel de herida.  Como lo dijimos ya, el dolor significa lastimadura.  Esto puede ser indicador de violencia, fragilidad, debilidad, irrespeto, agresión, etc.  Es un buen punto y momento para detenernos y preguntarnos ¿qué está mal en nosotros que está permitiendo que seamos lastimados?
-              Es parte de la ignorancia creer que cualquier cosa que duele es una herida, y empezar a buscar culpables, castigos, venganza, retribución. Herida es aquélla que penetra, que llega hasta adentro.  No es algo superficial.  Queda, entonces, preguntarnos si somos culpables por ignorancia, negligencia, acomodamiento, imprudencia, insensatez o semejantes, o si realmente estamos padeciendo injusticia.
-              El hecho de creer que podemos soportar más de lo que en realidad podemos deja espacio para una herida.  El no conocernos y no tener conciencia correcta de nuestras debilidades y necesidades reales también.  El vivir en nuestros sentimientos, en la comodidad de nuestra conciencia personal, en lugar de unirlos a la realidad visual, física, circunstancial también.  Todo esto puede ser ignorancia.  La verdad nos hace libres.  La culpa es nuestra.  Nadie puede hacer lo que sólo a nosotros nos corresponde hacer.
Para terminar con la ignorancia necesitamos el conocimiento.  Para evitar heridas tenemos que vivir cuidando nuestra alma como cuidamos nuestro cuerpo.  Ninguno de nosotros se para frente a un tren dudando el daño que vaya a sufrir.  Para no sufrir daños nos informamos, nos medimos, aprendemos, consideramos ANTES de realizar.  Así tenemos que aprender a conocer la condición, la fragilidad, la necesidad y la capacidad de nuestra alma.  Cuidar no es adivinar, “creer”, calcular, probar, … cuidar es hacer lo que es necesario para evitar un daño.  Eso es lo que debemos hacer.  Para poder hacer debemos saber.  Para saber debemos aprender.

Si al sufrir una primera herida no nos detenemos para aprender y sanar, caemos en la dureza de corazón.  Esto desencadena una pérdida de la personalidad, un cambio negativo de carácter, un defecto que traerá sus consecuencias.  Muchas veces nuestras circunstancias no nos permiten adelantarnos en la vida y evitar ser heridos, pero la herida es un aviso, una oportunidad, una confrontación con la realidad que no podemos ni debemos seguir negando.  Debemos terminar con nuestra ignorancia y tener celo por nuestra felicidad personal.

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El dolor es indicador de daño.  Debemos respetar nuestra individualidad y crecer en conocimiento, entendimiento, carácter, madurez.  Según nuestro temperamento, nuestras circunstancias, nuestras experiencias, deberemos decidir cómo proceder ante el dolor.  Nuestra actitud y acción correcta puede evitar que debamos enfrentar una herida profunda en la vida.  Si vivimos bien y hacemos cada cosa en su tiempo, quizás logremos vivir sin una sola herida, o con una leve que agregue a nuestra identidad fuerza, dulzura, inteligencia, carácter, …  Las heridas provocadas por la injusticia son heridas que muchas veces no pueden ser evitadas.  Es algo que queda únicamente bajo la soberanía de Dios.  Cómo respondemos a ello es lo que sí depende de nosotros. 

Resumamos:  Una herida es una alerta roja.  Jamás debemos ignorarla, taparla, evitar enfrentarla, postergar su sanidad, … debemos aprovechar lo sucedido para sacar gran provecho de ello, lejos de permitir que nos deje temerosos, inseguros, confundidos, desanimados, incrédulos en cuanto a las opciones que nos concede la vida; afectados.  Las consecuencias negativas de una herida no tratada pueden ser:  inseguridad; inestabilidad; dureza de corazón; amargura;  odio hacia la vida, hacia el amor, hacia los demás; desequilibrio; inmadurez …

Dice Charles Swindoll acerca de la negligencia y postergar las cosas:  “… ella (la negligencia) huye con valores preciosos, dejando sustitutos baratos en su lugar:   excusas, racionalizaciones, promesas vacías, vergüenza y culpa.”
Debemos comprender que una herida es una responsabilidad personal.  Antes que nada debo entender que es mi culpa y mi responsabilidad el haber permitido que alguien me hiriera.  En casos de engaño y violencia esto no se cumple, pero en los demás casos soy yo quien debe definir los límites y establecer hasta dónde llegarán las personas en mi vida.  Ser personas distantes, indiferentes, egoístas no es una opción ni solución.  Debo afrontar este suceso con seriedad y debo crecer.  El amor propio es la clave.  Debo aprender a vivir con celo por mi felicidad personal; y debo aprender a vivir en la justicia del amor, que no le hace daño a nadie, sino vela por el bienestar general de los seres humanos sin hacer acepción de personas. 

Las heridas que se obtienen por la injusticia (violencia, irrespeto manifestado a pesar de la resistencia, oposición, negación que uno ha mostrado, heridas físicas, etc ….) son heridas muy profundas, llamadas generalmente traumas.  El trauma se da debido a la sorpresa y convicción de la persona herida de que lo sucedido era imposible;  no podía pasar, pero sí pasó.  El trauma es el resultado de una contradicción.  

Al ser objetivos, realistas y prácticos, y ver la vida con seriedad quedamos protegidos de sufrir un trauma, debido a nuestra conciencia, que hace un balance realista en el área de los sentimientos:  “No deseo que me suceda esto.  Quiera Dios que no suceda.”  Pero sabemos que cabe dentro de lo humanamente posible.  P.ej.:  Un ataque de tiburón porque voy muy seguido a nadar en el mar;  una picadura de serpiente porque trabajo en la jungla;  una cortadura porque trabajo con maquinaria peligrosa;  un accidente de carro porque manejo todos los días en lugares llenos de curvas, hoyos y conductores descuidados y abusivos;  divorcio debido a adulterio porque vivo en una sociedad machista;  etc.

La sanidad de una herida por injusticia es mucho más dolorosa que una por ignorancia.  La que sucedió por ignorancia recibe el atenuante:  “es mi culpa.”  La otra simple y sencillamente no tiene explicación ni justificación.  La única explicación válida, que ayuda a sobrellevar lo sucedido es:  “La soberanía de Dios lo permitió.”  Esto hace el asunto mucho más serio y delicado.  La seriedad con la que debe ser afrontado el suceso debe ser equivalente.  No debemos minimizar los hechos, y debemos proceder con diligencia y fidelidad a la sanidad.  P.ej.:  Un accidente debido a un conductor ebrio que no se detuvo en el semáforo en rojo;  la pérdida de un miembro por el ataque de un ladrón;  una enfermedad mortal debido a la negligencia de un doctor; etc.

1.            Lo primero que se hace muy necesario es el silencio.  Esto es indispensable para comprender lo sucedido en su totalidad; los sucesos en sí mismos; comprender nuestros sentimientos en ese contexto, así como los cambios imprevistos y no deseados que se han dado en nuestra vida.  Es el silencio el que contribuye a fortalecernos y capacitarnos para enfrentar la realidad porque escogemos:  valentía, conciencia, responsabilidad, disposición, amor, fe, humildad, esperanza, madurez.  El silencio nos permitirá enfrentar el dolor y digerirlo.  Tras el silencio vendrá la calma, tras la calma vendrá la paz conforme la verdad va siendo aceptada en nuestro interior, y nuestro corazón encuentra la libertad para manifestarse con toda honestidad y justicia.

2.            Expresar el dolor.  Se hace necesario estar cerca de personas que comprenden la importancia de manifestar abiertamente los sentimientos genuinos, sin cohibiciones, represión, hipocresía, cobardía, vanidad.  Y es muy necesario estar a solas cuantas veces sea necesario para llorar, pensar, recordar, gritar, “pelear con Dios”, etc.  Lo básico aquí es la honestidad.  Si en mi corazón hay ira, resentimiento, odio, la ayuda más grande que voy a recibir es reconocerlo, y ponerlo delante de Dios para que la justicia se manifieste a mi favor, gracias a que confío en un Dios soberano, justo, todopoderoso, que sabe qué hacer con lo que yo no puedo manejar.  Especialmente en situaciones en las que no se sabe con detalle lo sucedido, como en el caso de violaciones, torturas y asesinato, esto se hace muy necesario.
No debemos preocuparnos ni atemorizarnos por lo que sentimos o decimos en privado.  Lo único que debe provocarnos temor es negar la verdad y apartarnos de Dios, quien es el único que puede ayudarnos realmente a recuperarnos de lo sucedido.  Dios nos conoce mejor que nosotros  a nosotros mismos.  El no quiere que seamos hipócritas y que pretendamos, cuando es El quien sabe perfectamente bien cómo nos sentimos, y es El el que tiene el control de todo lo sucedido, y definitivamente tiene pensamientos de paz y de bendición para nosotros aunque en ese momento nosotros seamos incapaces de verlo así.  Porque las cosas vividas son violentas es muy importante comprender que nos toparemos con personas que juzgarán nuestros sentimientos, pensamientos o actitudes como agresivos, resentidos, inadecuados, violentos, herejes, blasfemos, etc.  Somos nosotros, las personas afectadas, heridas, las víctimas, las que debemos comprender a las personas que no entienden nuestra situación, y ABSTENERNOS de manifestarles algo relacionado con nuestra vivencia.  Vivimos en un mundo que ha estado acostumbrado al sensacionalismo.  Tendrá que pasar un tiempo antes de que esta costumbre inhumana desaparezca de los cerebros de toda persona.
                Sólo el tiempo y el amor sanarán las heridas.  Los recuerdos son las cicatrices que no podemos borrar.  Debemos buscar lograr que el amor hacia nuestros seres queridos y hacia nosotros mismos prevalezca por encima de todo sentimiento oscuro y negro.  Son sentimientos correctos.  Dios, que es santo, odia el pecado.  Así nosotros podemos odiar la maldad, pero debemos cuidarnos de odiar a las personas que podrían proceder al arrepentimiento y encontrar la misericordia de un Dios de perdón.  “Dios ama al pecador, pero aborrece el pecado.”
                No debemos provocar sentimientos con la mente.  Debemos permitir que las cosas sigan su curso natural.  Conforme el dolor va cediendo, gracias al amor, a la concentración de nuestros sentimientos y pensamientos en todo lo bueno que vivimos, nuestro corazón va encontrando la paz, y nuestra mente la justicia.  Nos apoyamos en la promesa de Dios, que dijo:  “No te vengues tú mismo.  Mía es la venganza, yo pagaré.”  Esto nos permite odiar el mal, y confiar en que todos aquéllos que estén bajo su dirección y/o protección sufrirán la ira del Dios vivo.
                Expresar el dolor y tener el dolor son dos cosas distintas.  El dolor debe ser expresado mientras la herida sana.  Una vez sanada la herida puede haber dolor por el resto de la vida mientras no haya habido justicia.  Este dolor puede ser llevado dentro, sin que nadie lo note ni lo sepa.  Debemos ser fuertes.
                Hay cosas que posiblemente no entenderemos completamente, y tal vez ni siquiera parcialmente, hasta que estemos con Dios en el cielo.  No podemos pelear contra Dios, es destruirnos a nosotros mismos.  Pero debemos ser sinceros, y debemos permitir que nuestros sentimientos se manifiesten hasta encontrar la paz en la aceptación de la soberanía de Dios, Su bondad, amor, sabiduría y fidelidad. 

  
3.            OIR y escuchar opciones.  Al sentir un dolor muy grande, nuestra alma queda incapacitada para ver objetivamente las posibilidades que la vida nos presenta.  Nos encontramos en un lugar de nubes grises.  Esto no debe negarse, sólo aceptarse.  Debido a esta realidad, personas amorosas, ya sea que hayan tenido experiencias similares y hayan salido de su hoyo negro, o bien, personas amorosas dispuestas a amar incondicionalmente son de mucha ayuda.  Debemos OIR lo que tienen que ofrecernos, y considerar humilde y objetivamente las opciones.  No estar abiertos a esto denota raíces de amargura.  Esto es muy peligroso. La amargura significa corrupción.  Es un alto grado de egoísmo, y es algo que sólo Dios puede resolver.  Hay que cortarlas desde el primer signo de presencia.  Llorar y orar ayuda mucho, así como la determinacion de perdonar, no importando cuánto cueste, duela o tarde.
La humildad y la objetividad son esenciales en esta etapa:  P.ej.  Es posible que la propuesta nos resulte atractiva y prometedora, pero nos sintamos incapaces en ese preciso momento, entonces es muy importante ser honestos y decir algo como:  “Me resulta muy atractivo. ¿Es posible que yo te llame cuando me sienta lista para aceptar tu ofrecimiento?”  O:  “En este momento no me siento con ánimos, pero no quiero decirte un rotundo no.  ¿Podés esperar unos días, para ver si más adelante me siento bien para poder aprovechar lo que me proponés?”
Dado que estamos hablando de heridas profundas, es muy importante notar que una persona que promete algo y no cumple es una persona peligrosa con la que no puede ni debe contarse.  Debes apoyarte en personas fieles solamente.  Los sentimientos pueden estar deseosos de creer cualquier cosa para aliviar el dolor.  Usa la razón y evita todo daño posterior al ya sufrido.  Debes sanar.  No te juegues nada.

4.            Escoger la mejor opción.  Momento a momento tendrás que elegir y tomar decisiones.  Aunque parezcas tosco(a), grosero(a), malagradecido(a) es posible que haya partes de ti que realmente están muriendo.  No puedes considerar los sentimientos de los demás, tienes que concentrarte totalmente en tu propia sanidad.  Las personas que se acerquen a ti con amor lo comprenderán.  Ellas saben que en estas circunstancias todos los involucrados sufren un poco, y unos más que otros.  Es una etapa de crecimiento.  Lo que realmente importa es la verdad acerca de ti, de tu estado, del amor real de quienes se acercan a ti y de tu herida en proceso de sanación.
Entramos a un terreno complicado: sentimientos, etapas, circunstancias, posibilidades. Es tu tarea decidir de qué te vas a agarrar.  Puede ser que hagas una combinación de cosas personales que quieres, necesitas y te ayudan, con cosas que otros te ofrecen.  Eso no tiene que saberlo nadie más que tú.
También es posible que lo que tú tienes resulte inadecuado e insuficiente, y lo que otra persona te ofrece te haga mucho bien y resulte el ungüento ideal para tu dolor.  Entonces debes renunciar a todo orgullo e intento de resolver tú solo algo que no puedes resolver por ti mismo(a).  Y debes agradecer con todo el corazón lo que recibes.  Esto contribuirá grandemente a tu sanidad, porque verás amor, compasión, fidelidad, fortaleza, ternura, dulzura, en donde ya no veías más que maldad.
También es posible que no haya nadie que te entienda, y que tengas que salir tú solo(a).  Cierta música, libros, películas, la Biblia, la oración, son cosas que pueden darte ánimo.  Estos sucesos son necesarios porque una persona que sale sola es una persona capaz de ayudar a muchos cuando ha terminado su sanación.  Es Dios el que define esto, nadie más.  Es algo que no debe ser forzado jamás, solamente aceptado.  Y todo lo que Dios te ponga en el camino:  cosas para tener comodidad, placer, descanso, deben ser reconocidas, utilizadas y apreciadas.
Una y otra vez debes reconocer qué es lo que te está ayudando y qué no.  Hay que ir ajustando lo externo con lo interno, y reacomodando los sentimientos, los pensamientos y la identidad a lo sucedido.
  
5.            La sanidad de la herida debe ser tu prioridad.  No es posible volver a vivir una vida normal hasta que este proceso haya concluído.  Debemos ir reincorporándonos poco a poco, paso a paso, hasta notar que podemos vivir una vida normal, como personas nuevas que han crecido en una forma no escogida, pero aceptada.
Poco a poco iremos disfrutando ser quienes ahora somos, y guardaremos en nuestro corazón una verdad que es sólo nuestra. Y sabemos que viviremos en un lugar en donde no existen las lágrimas ni el dolor.

Nos hemos concentrado en nosotros mismos:  nuestra percepción, nuestra posición, nuestro entendimiento.  Ahora vamos a ver el panorama completo que nos explica el corazón de Dios.
Existe un infinito que nos conecta con la vida eterna.  Sólo tenemos acceso a este infinito a través de la pureza de nuestro corazón.  Este infinito es el amor.  El  corazón siempre debe ver este infinito, creer en él, refugiarse en él.  Las heridas son el resultado de haber sido apartados de este infinito y haber entrado en contacto con la parte destructiva de nuestra humanidad. 
                No existe infinito en la mente.  La mente es la que debe protegernos del ámbito finito, imperfecto, adverso, negativo y destructivo.  Es la mente la que debe manejar todo lo relacionado con las leyes de la vida, las reglas a respetar, los principios a comprender, los valores personales y el funcionamiento general de las cosas, para poder proteger al corazón para que éste pueda moverse en el infinito sin peligro, sin temor y sin limitaciones.  No es el corazón el que debe conocer límites.  El corazón debe buscar y mantener su pureza, y buscar siempre la libertad y la justicia.  Y es la mente la que se encarga de conocer los límites que le corresponde comprender al cuerpo:  límites en cuanto a nuestras capacidades físicas, intelectuales y también sentimentales.  
Tenemos una capacidad específica para soportar dolor sin llegar al daño.  Tenemos una capacidad específica en cuanto a habilidades físicas e intelectuales (deporte, arte, música, ciencia, etc.)  Y esto debe ser comprendido, respetado y protegido por la mente.  La mente nos guía en el ámbito terrenal.  El corazón nos conecta con el infinito celestial.  Y es lo celestial lo que nos fortalece para vencer toda adversidad en el ámbito finito.  Aquí aprendemos a escoger lo eterno y nos hacemos dignos de ello, venciendo a través del amor todo lo corruptible, destructivo, malvado y perverso.  
                La mente puede imaginar, soñar, desear, … pero debe respetar los límites para no caer en engaño, corrupción, locura o riesgo (peligro).  Dado que es la mente la que protege al corazón a través de la inteligencia, la mente no debe divagar ni relajarse a menos de que todo sea óptimo y esté protegido y seguro.  Es decir, mientras no estemos en un ambiente de seguridad, la mente es el vigía, el guarda a la puerta, que debe estar velando, esperando encontrar la seguridad, y encargándose fielmente de que todo esté bien, hasta que llegue una opción para que el cuerpo pueda estar seguro.  
Mientras el corazón y la mente funcionen como un equipo que se mueve en fidelidad, y como corredores que se dan la barra, el cuerpo estará seguro y protegido de daño.  La mente y el corazón estarán protegiéndose constantemente en forma recíproca.  Jamás debe haber discrepancia entre la mente y el corazón en cuanto a valores, principios, prioridades, etc.  Si esto se da, debe hacerse un alto y la voluntad debe tener una cita y una reunión muy larga y seria con la verdad hasta decidir cuáles serán los valores, etc. que regirán su vida, y hasta que esto se haya decidido se volverán a tomar decisiones; y todo lo que ha de ser desechado, sea del corazón o de la mente, debe serlo a la brevedad, en forma fiel, hasta haber colocado y puesto a funcionar lo nuevo que ha sido aceptado por la voluntad que ha hecho la paz con la verdad.
El infinito está, pues, afuera de nosotros, no adentro.  Y son sólo nuestros sentimientos los que se unen a él, jamás nuestra mente, ni nuestra voluntad, ni nuestro cuerpo.
El infinito es la naturaleza de Dios. Nadie sabe hasta dónde puede llegar.  Viviendo cada día apegados a la verdad que nuestra mente debe observar garantizamos nuestro derecho al infinito.  La vida se despliega conforme avanzamos.
Si recorriéramos la Tierra a pie, jamás podríamos saber qué hay al final del camino, porque el hecho de que es redonda nos impide ver más allá de cierta distancia.  Sólo somos capaces de ver una parte de la curva.  Pero conforme caminamos vamos viendo lo que siempre estuvo allí, pero no estaba al alcance de nuestro ojo.  Nuestra seguridad está en que estamos en la Tierra y en ningún momento nos saldremos de ella, no importando qué dirección escojamos.  Esto es vivir en el infinito.  Es vivir con seguridad, a pesar del sinfín de posibilidades que tenemos a nuestro alrededor.
Una persona que escoge no perdonar, no sanar su herida, no tomar responsabilidad en lo sucedido, no ayudarse a sí misma ni recibir ayuda es una persona infiel que le ha fallado a la vida y al amor, y que vivirá cobrándole a otros una cuenta que ella misma no quiso saldar.
No importando cuánto duela, cuánto cueste, cuán desagradable, incómodo o difícil sea, si hemos sido heridos, debemos sanar nuestra herida, con ayuda  o sin ella.  Dios está con nosotros.  Dios está a nuestro favor.  El nos ama y nos creó para que seamos felices amando y siendo amados, sirviendo a  la vida, haciendo el bien.  Tenemos derecho de disfrutar todas las cosas que El nos concede. NADIE tiene derecho de privarnos de lo que nos corresponde.

Aquí es muy importante mencionar que una persona herida injustamente, que ha manifestado su rechazo a tal hecho, que vuelve a ser lastimada con indolencia e indiferencia puede reaccionar con ira. Esto significa daños incalculables para todos  alrededor.
El corazón es nuestra esencia.  Es lo que realmente somos.  Es por eso que es el corazón el que realmente define si hemos de vivir eternamnete o hemos de morir.  El corazón se hace manifiesto en lo que hacemos.  El resultado de todo lo que pensamos, sentimos, hacemos y dejamos de hacer es lo que conforma nuestra identidad e individualidad.  No puede ser negado.  Es una realidad.   El cuerpo es el corruptible y no puede heredar lo incorruptible.  Viviendo con inteligencia, amor y fidelidad en este cuerpo nos hacemos dignos de  lo incorruptible, y podemos recibir la promesa de un cuerpo incorruptible, para disfrutar lo que en esta vida es imposible:  una vida sin sufrimiento, sin tristeza, sin muerte, sin separación.

¡Vivamos con libertad, libres de resentimiento, de ignorancia, de cobardía, de egoísmo, de temores, de debilidad!  ¡Vivamos intensamente y abracemos la felicidad!  ¡La eternidad nos espera con galardón y mucha más felicidad que la que aquí podemos gustar y disfrutar!  ¡Celebrémoslo desde ya! 
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No permitas que nadie te diga 
que no se puede.   
¡Qué nadie te diga que no se debe!


"En medio de las dificultades
podemos encontrar oportunidades."
                                                                                      Albert Einstein


"Los errores de un hombre son su portal al descubrimiento."
                                                                                              James Joyce




Tú estabas allí


La ilusión se desvaneció

y la verdad me destrozó.

El sueño en pesadilla se tornó

y la alegría en tristeza se convirtió.

Pero tú estabas allí.



Mi corazón quebrantado estaba;

como río las lágrimas por mis mejillas rodaban

Pero tú estabas allí.



Mi alma agonizaba;

mi interior desesperaba.

Pero tú estabas allí.



El amor en ningún lado veía

y todo perdido creía.

Pero tú estabas allí.



La esperanza perdida sentía;

mi fe casi se desvanecía.

Pero tú estabas allí.

                      
Nunca me dejaste;

con tu dulce amor me consolaste.

Tu fe en mí me recordaste

y con tu presencia me levantaste.



Tú estabas allí.



Me fortaleciste,

me guiaste,

me amaste

y me restauraste.



Tú estabas allí.



Hoy río y canto;

hoy vivo sin llanto;

y aunque aún hay dolor

ya no queda ningún temor

porque tú estabas allí.



He comprendido

Que sin ti todo está perdido.

Sin ti el río se vuelve un desierto

y el más profundo sentimiento es incierto.

Sin ti nada deseo

y no encuentro en mí ningún anhelo.



Pero por tu amor hoy el cielo veo

y mi corazón alza el vuelo

en busca del Sol en la inmensidad;

en busca de la felicidad

que sólo en el amor se puede hallar.

Hoy sé que no voy a desmayar

y que voy a brillar

al tu amor y la vida abrazar

y volverte a encontrar.



Porque tú estabas allí.





Recomendaciones:
Canciones:
"Restless heart", M. Smith
"Where do you hide your heart", Amy Grant
"I  have decided"  Amy Grant
"Do I trust you Lord?"  Twila Paris
"I will survive"  Gloria Gaynor
"You decorated my life"  Kenny Rogers
"It´s a heartache"  Bonnie Tyler
"Heartbreaker"  Dionne Warwick
"You´ve got the power to safe me"  Cristy Lane
"Ya no" Lucero
"Oh, Lord, your tenderness"  Bob Fitts
"A broken spirit"  Marty J. Nystrom
"Por el amor de una mujer"  Julio Iglesias
"Todavía duele" Nelson Ned
"El me mintió" Amanda Miguel
"Learrn to say goodbye" D. Springfield
"Sara"  Starship
"Just for the fun of it"  Nat King Cole

Blogs asociados:  "El subestimado Perdón";  "El Dolor";  "Pasado , Presente y Futuro"; "Felicidad"; "El Miedo".

Libros:  "Amar sí se puede"  (R. Shinyashiki);  "Moving into Balance"  (B. Larrivee)